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Retablo mayor

Presentación Restauración Contemplación

En el año 1097 se levantó en Huesca el primer templo dedicado a San Lorenzo (extramuros). A este templo sucedió otro gótico de cantería, seguramente construido en la primera mitad del siglo XIV, y del que aún quedan restos. Presidía el altar mayor el retablo bajo de la advocación de San Lorenzo, que según la tradición fue donado por Fernando el Católico a principios del siglo XVI y ha sido atribuido a su pintor de cámara Pedro Aponte y sus colaboradores. El retablo estaba compuesto por numerosas tablas que narraban escenas de la vida de San Orencio y San Lorenzo.

El edificio permaneció en pie hasta 1607, fecha en la que comenzó a ser demolido en sucesivas campañas, excepto la torre y el pórtico, para ser sustituido por el gran templo actual. El retablo fue desmontado y acomodado en el coro alto. Una vez terminado el nuevo templo, el retablo fue colocado de nuevo en la capilla mayor.

Todos estos avatares perjudicaron el retablo, además de que se veía viejo y pobre para el gusto de la época y se pensó en otro retablo, como así se hizo en el año 1648.

El sistema de adjudicación del retablo fue el de “concurso” y la iniciativa partió de la Parroquia que era, dentro de los órganos directivos de la iglesia de San Lorenzo, una institución laica.

Ganó el concurso el escultor de Barbastro Sebastián Ruesta, que cobró por su trabajo 4.000 escudos, dice el lumen de la iglesia. Éste construía la estructura y Gaspar Ramos, escultor de Sangüesa, tallaba las imágenes y las historias del retablo, dejando amplios espacios para ser cubiertos con la ora de masonería o de pintura, según se acordase.

Tras largas discusiones, en 1656 se reunieron los parroquianos y acuerdan la terminación del retablo decidiendo que fuera de escultura de relieve entero”.

No se sabe por qué, pero la realidad es que no se hizo de escultura, ya que en 1678, según el lumen de la iglesia, don Artal de Azlor regaló los lienzos de Bartolomé que completaron el retablo que había sido dorado en 1676 gracias a las limosnas de los fieles.

Es un retablo de estructura novedosa, tanto por lo que se refiere a los elementos arquitectónicos y ornamentales del mismo, cuanto por lo que afecta al diseño general en planta y alzado.

Comenzando por los elementos arquitectónicos del retablo hay que referirse en primer lugar a la introducción de la columna salomónica. Representa el primer ejemplo de este tipo de columna en la ciudad de Huesca y uno de los primeros en Aragón.

Esta columna salomónica del protobarroco aragonés es de simbolismo eurocarístico,. Presentando el fuste adornado con zarcillos y hojas de vid, racimos de uva y putti, dentro de la mejor tradición paleocristiana.

La introducción de esta columna transforma el alzado del retablo frente a los romanistas de la época anterior a unificar los pisos mediante el orden gigante, ensanchándose considerablemente la calle central, ocupada en este caso por el gran lienzo del martirio de San Lorenzo.

El retablo gana notablemente en unidad compositiva frente a la fragmentación en numerosas calles y pisos del retablo romanista anterior.

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