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Retablo S. Bernardo

Presentación Restauración

El trabajo de restauración del Retablo Mayor de la Basílica de San Lorenzo ha sido llevado a cabo por las restauradoras Elena Aquilué Pérez y Rosa Abadía Abadías, autoras de la memoria sobre su proceso de restauración, documentación volcada en este apartado.

Se trata de un retablo de madera tallada, policromada y dorada, fijado y anclado al muro con sistemas y sujeciones de la época.

 

 
     
 
     

 

El estado de conservación antes de la restauración presentaba la estructura del retablo debilitada por acción de varios agentes degradadores. El paso del tiempo, el propio paso de la mazonería, el ataque de xilófagos y las abundantes y repetidas escorrentías producidas las goteras de la cubierta, habían afectado considerablemente al conjunto y especialmente a la calle central.

Los golpes fortuitos en la predela habían condicionado la pérdida de las pares más salientes de volumen escultórico (volutas, manos…).

Se observaba además la pérdida de volúmenes en otras zonas del retablo, por causas difíciles de determinar (friso decorativo de la calle lateral derecha, ménsulas, alerones…)

 

Preparación, policromía, dorado y barnices

La preparación se basa en una mezcla de colas animales y sulfato o carbonato cálcico, aplicada en varias capas. Se halló además, en las zonas doradas, carbonato cálcico, aplicada en varias capas superpuestas de arcillas rojas, llamadas boles, sobre las que directamente se colocaba el pan de oro.

Tras el examen organoléptico se apreciaron diferentes técnicas de policromado.. En los grupos escultóricos se apreciaron pigmentos aglutinados con óleos, mientras que en los relieves que relatan las escenas de la vida de San Bernardo se optó por una decoración pictórica de esgrafiados y estofados sobre base de oro. En la mazonería se observó una alternancia de oro, rojo y verde, creando un juego cromático que destaca las zonas más relevantes de la estructura.

Las zonas doradas están realizadas con la técnica de dorado al agua, utilizando láminas de oro fino, adheridas con “templas” de colas animales.

Se aprecian barnices de diferentes naturalezas en distintas zonas del conjunto. En la parte baja se reconoce una abundancia de capas superpuestas, mientras que en las partes altas no existe tal acumulación.

Antes de la restauración, se apreciaba una alteración de los colores derivada del oscurecimiento, por oxidación, de los barnice superpuestos. También interferían en la vivacidad de los tonos la capa de polvo y suciedades acumuladas sobre las piezas.

En zonas localizadas se observaba una falta de adherencia de la preparación y policromías al soporte. En muchos casos esto había provocado la pérdida, afectando directamente a la calle central.

Existen repintes de purpurina en el frontal de la mesa de altar que ocultan la policromía original, que probablemente consista en una decoración a base de panes o láminas de metal.

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