1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de
Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban y los que
seguían iban asustados.
El tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo
que le iba a suceder: Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre
va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los letrados, lo condenarán a
muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo
azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.
Se le acercaron los hijos de Zebedeo,
Santiago y Juan, y le dijeron: Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a
pedir.
Les preguntó: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Contestaron:
Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
Jesús replicó: No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de
beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo
me voy a bautizar? Contestaron: Lo somos.
Jesús les dijo: El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y
os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a
mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra
Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: Sabéis que los que son
reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los
oprimen.
Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea
vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan,
sino para servir y dar su vida en rescate por todos.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Somos cristianos, queremos seguir a
Jesús, sin embargo a veces estamos tan lejos de sus pensamientos y proyectos
como los Zebedeos. Sabemos que tenemos que coger la
cruz, pero buscamos triunfar al estilo del mundo. Hemos oído hablar mil veces
de las excelencias del servicio, sin embargo, buscamos privilegios, puestos de
honor, que se nos enaltezca entre nuestros compañeros de trabajo, entre
nuestros amigos, en la familia.
“Señor, convierte nuestro corazón a
ti”
“Contágianos tu modo de sentir, de pensar,
de vivir”.
Los otros diez apóstoles se indignaron
al escuchar a los Zebedeos. También están lejos de
los pensamientos del maestro. Ante los errores de las personas, Jesús siente
compasión, y nosotros nos indignamos.
“Señor, que nuestros pecados y fallos
nos ayuden a comprender al que se equivoca”
El que quiera ser grande, que sea el servidor de todos. Es fácil de entender, pero hay que plantearse cómo vamos a ser servidores. Y pedir la ayuda de Dios para serlo de verdad.
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.