1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Mateo 5, 13-16
En aquel
tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra.
Pero si
la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera
y que la pise la gente.
Vosotros
sois la luz del mundo.
No se
puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco
se enciende una vela para ponerla debajo del celemín, sino para ponerla en el
candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre
así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria
a vuestro Padre que está en el cielo.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Jesucristo
nos ha traído la mejor sal y la luz más clara: su Evangelio, su vida. El Evangelio de Jesús da sabor de esperanza,
de fraternidad, de fe al mundo. La vida de Jesús ilumina nuestra existencia y
nos ayuda a descubrir cómo somos en realidad y cómo podríamos ser...
“Gracias Señor por ser la sal de mi
vida”
“A veces no me dejo iluminar por ti. Perdóname”
“Que no me aparte nunca de tu luz,
Señor”
Pero
la sal y la luz de Jesucristo no son sólo para nuestro disfrute personal. Él nos
dice: Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo. Tu parroquia ha de
ser sal y luz en el barrio, tú tienes que ser sal y luz en medio de tu familia,
de tus amigos...
Sin
embargo, en muchas ocasiones nos parece que no podemos ser sal y luz de nada.
Nos paraliza nuestra pequeñez, nuestros pecados... No da miedo ir en contra de
la corriente, en contra de una corriente muy fuerte. Jesús conoce nuestra
debilidad y sabe bien de la fuerza del mal, pero confía en nosotros y nos
envía. Es posible ser sal y luz desde la pequeñez. Si confiamos y nos apoyamos
en Él, su fuerza se manifestará en nuestra debilidad.
¿Cómo
eres y cómo podrías ser sal y luz? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
4.
Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.