REZAR CON EL EVANGELIO

Lunes de la 11ª semana del t.o.

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Mateo 5, 38-42

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Sabéis que está mandado: «Ojo por ojo, diente por diente».

Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia.

Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

 

Jesús sabe que a la violencia sólo se le puede ganar a fuerza de amor, al egoísmo con el poder de la generosidad, y al odio a base de perdón. Este es el camino que Jesús nos presenta en su Evangelio.

            “Perdona y cura la violencia, el egoísmo y el odio de mi corazón.

              Gracias por presentarme tu otra mejilla,

              por darme no sólo la túnica, sino tu propia vida,,

              por acompañarme, aún cuando quiero caminar solo,

              por darme, aún antes de pedirte nada,

              por no rehuirme y hacerte una y mil veces el encontradizo.

              Enséñame a ser como Tú, Señor”

 

Poner la otra mejilla es

-          amar al que no te corresponde,

-          trabajar por los demás a cambio de rechazos

-          ofrecer la amistad a quien te odia

-          seguir intentándolo cuando un proyecto sale mal

Poner la mejilla es un don de Dios que tenemos que pedir y una tarea en la que debemos empeñarnos cada día.

¿A quiénes, en qué momentos debo poner la otra mejilla? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

4. Termino la oración

    Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.