Lunes de la
12ª semana del t.o.
1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No juzguéis y no os
juzgarán.
Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis,
la usarán con vosotros.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Dicen
que todos los aficionados al fútbol tienen alma de seleccionador nacional. Pero
parece que todavía tenemos más afición a ser jueces, jueces de los demás, por
supuesto; jueces de lo que hacen, de lo que dicen, de lo que callan... Juzgamos
la ropa y el peinado, las apariencias y el corazón, la alegría y la tristeza
del vecino... Si somos clásicos juzgamos y criticamos a los más modernos, y
viceversa.
No
juzguéis y no seréis juzgados –dice el Señor-.
“Perdona nuestros juicios
apresurados, superficiales, sin piedad”
“Enséñanos a juzgarnos a nosotros
mismos
y a hacerlo con misericordia”
“Gracias porque nos juzgas con
misericordia,
gracias porque nos juzgas para salvarnos, no
para condenarnos,
gracias por las personas que actúan de la misma
manera”.
Qué
bien está quitar la mota del ojo del prójimo si antes nos dejamos quitar la
viga del nuestro. A veces parecemos estar muy dispuestos a ayudar a los demás,
llenos de buena intención, olvidando que también nosotros necesitamos ayuda,
conversión y curación. Amar y ser amados, curar y ser curados... Esta es
nuestra vocación.
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
4.
Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.