1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
Mateo 13, 54-58
En aquel
tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía
admirada: "¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el
hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José,
Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo
eso?".Y aquello les resultaba escandaloso.
Jesús les
dijo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta". Y no
hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Jesús es rechazado como profeta en su propia tierra, entre los más próximos. ¿Cómo recibimos nosotros a los profetas? ¿Cómo recibimos a los profetas de nuestra tierra, de nuestra familia, de nuestro lugar de trabajo?
“Enséñanos a reconocer tu voz en las personas más cercanas”
“Que sepamos acoger la verdad, venga de donde venga”
Si tratamos de decir la verdad, si denunciamos las injusticias, si anunciamos el Evangelio, recibiremos el mismo trato que recibió Jesús en su pueblo. ¿Estamos dispuestos?
“Danos un Espíritu fuerte para ser fieles,
para ser testigos del Evangelio en nuestros ambientes,
aunque no se entienda, aunque nos critiquen.
Gracias por las personas que son capaces de dar la vida
en la misión de
anunciar tu Reino y luchar contra el mal”
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus
enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha..