REZAR CON EL EVANGELIO

Domingo de la 20ª semana del t.o. B

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Juan 6, 51‑59

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

—Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban entonces los judíos entre sí:

—¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

—Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el ultimo día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:

 

Jesús es, debe ser nuestro alimento permanente. Su palabra, su cuerpo y su sangre, su Iglesia, sus preferidos han de ser nuestro sustento, nuestra fuerza.

 

Comer a Cristo nos lleva a vivir unidos a él. Habitamos en Cristo y Él habita en nosotros. ¿Qué te dice el Señor? ¿Qué le dices?

 

Comer a Cristo nos da alegría, fuerza, vida, ida eterna.  Damos gracias

 

Señor, gracias por ser nuestro pan,

porque te dejas comer por nosotros,

porque nos ofreces tu vida entera

para que vivamos por tu Amor,

como Tú vives del Amor del Padre.

 

Danos, cada día, sabiduría y humildad,

para no vivir de mí y de mi vanidad;

de mis deseos de poder y de poseer,

de la satisfacción de mis caprichos;

para vivir de Ti y de tu Amor;

 

Que cada día, Señor, sepa acoger,

como un mendigo que se sabe afortunado,

tu Luz, que me ayuda a ver la verdad y la mentira,

tu Fuerza, que me sostiene,

tu Palabra, que me recuerda quién soy y para qué he nacido,

tu Mano, que me defiende,

tu Sabiduría, que me conduce a la Vida,

tu Mirada, que me da la Paz que a veces no tengo,

tu Eucaristía, tu pan y tu vino,

que alimenta mi hambre de amor y de alegría.

de entregar mi tiempo y mi vida entera,

como Tú y siempre contigo.

Amén.

 

Nos cuesta creer: ¿Cómo puede Jesús darnos a comer su cuerpo?

Pedimos perdón y fe en su Palabra

 

4. Termino la oración

   Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.