1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel
tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Creedme; difícilmente entrará un rico
en el Reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el
ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los cielos". Al
oírlo, los discípulos dijeron espantados: "Entonces, ¿quién puede
salvarse?" Jesús se les quedó mirando y les dijo: "Para los hombres
es imposible; pero Dios lo puede todo". Entonces le dijo Pedro: "Pues
nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?"
Jesús les dijo: "Creedme, cuando llegue la renovación, y el Hijo del
hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce
tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre y madre,
mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros".
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor?
¿Cómo puedo hacer
realidad este evangelio en mi vida?
La riqueza es un gran impedimento para seguir a Jesús. Quizá sea el más insalvable. El primer paso para superar este obstáculo es reconocerlo. Casi siempre pensamos que somos pobres y que los ricos son los otros. Todos tenemos unas riquezas u otras. Todos estamos apegados a ellas, más o menos.
“Señor, enséñanos a usar los bienes, sin depender de ellos”
“Perdona y cura nuestro a afán de poseer, de acumular”
“Gracias por las personas que saben dejarlo todo por ti”
“Para los hombres es imposible, pero para Dios nada es imposible”. Dejarlo todo es signo de nuestra entrega al Señor, pero antes que eso es un don de Dios. Él nos da la posibilidad de dejarlo todo. Es un don que tenemos que pedir y vivir en lo más pequeño de cada día.
“Señor, danos el don de la pobreza y la disponibilidad”
Dios no se deja ganar en generosidad. ”El que por mí deja casa, hermanos o
hermanas, padre y madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y
heredará la vida eterna”.
¿Cuál es tu
experiencia? ¿Qué te ha dado Dios cuando has sido generoso con Él? ¿Que te dice
Dios? ¿Qué le dices?
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas,
por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.