1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel
tiempo habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, letrados y fariseos
hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los cielos! Ni entráis
vosotros, no dejáis entrar a los que quieren.
¡Ay de
vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas
con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.
¡Ay de
vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para
ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble
que vosotros!
¡Ay de
vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar por el templo no obliga, jurar
por el oro del templo sí obliga"! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o
el templo que consagra el oro? O también: "Jurar por el altar no obliga,
jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga". ¡Ciegos! ¿Qué es
más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar,
jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura
también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono
de Dios y también por el que está sentado en él".
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Entrar en el Reino es sentir la cercanía del amor del Padre y el calor de la fraternidad. No entrar en el Reino es una tragedia. Sólo hay una mayor: no dejar entrar a los demás. Todos estamos llamados a entrar y a ayudar a otros para que puedan disfrutar de los dones del Reino.
¿Estoy entrando en Reino, o siempre lo dejo para más tarde?
¿Ayudo o estorbo a los demás para que entren en el Reino?
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
Los letrados y fariseos no cumplen la ley y, además, no lo reconocen. Es más: buscan y dan razones para convencer a los demás de que hacen lo que deben. A veces hacemos lo mismo: no reconocemos nuestros errores, después los justificamos y terminamos por criticar a los que actúan bien.
“Señor, concédenos humildad para reconocer nuestros pecados
y danos fuerza para cumplir tu voluntad,
No permitas que nos engañemos y engañemos a los demás,
Gracias por librarnos de las garras de la
mentira”
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus
enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.