REZAR CON EL EVANGELIO

Lunes de la 21ª semana del t.o.

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

Mateo 23, 13-22

 

En aquel tiempo habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los cielos! Ni entráis vosotros, no dejáis entrar a los que quieren.

¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.

¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros!

¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga"! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: "Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga". ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él".

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

 

Entrar en el Reino es sentir la cercanía del amor del Padre y el calor de la fraternidad. No entrar en el Reino es una tragedia. Sólo hay una mayor: no dejar entrar a los demás. Todos estamos llamados a entrar y a ayudar a otros para que puedan disfrutar de los dones del Reino.

¿Estoy entrando en Reino, o siempre lo dejo para más tarde?

¿Ayudo o estorbo a los demás para que entren en el Reino?

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

Los letrados y fariseos no cumplen la ley y, además, no lo reconocen. Es más: buscan y dan razones para convencer a los demás de que hacen lo que deben. A veces hacemos lo mismo: no reconocemos nuestros errores, después los justificamos y terminamos por criticar a los que actúan bien.

            “Señor, concédenos humildad para reconocer nuestros pecados

             y danos fuerza para cumplir tu voluntad,

             No permitas que nos engañemos y engañemos a los demás,

             Gracias por librarnos de las garras de la mentira”

 

4. Termino la oración

   Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.