REZAR CON EL EVANGELIO

Martes de la 21ª semana del t.o.

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Mateo 23, 23-26

 

En aquel tiempo habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.

¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego! , limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

 

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

 

Los fariseos cumplen los preceptos más pequeños y descuidan los más grandes, filtran el mosquito y se tragan el camello. Otras personas dicen cumplir las importantes y descuidan las pequeñas, buscan la justicia y la paz en el mundo y sin embargo no cuidan los detalles sencillos que hacen la vida agradable a los demás.

¿En qué grupo te encuentras?

 

¿Cómo cuidamos nosotros el derecho, la compasión y la sinceridad?

 

Estemos en cualquiera de estos dos grupos, Jesús nos dirige las mismas palabras, llenas de sabiduría: “Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello”

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

El Evangelio de hoy es una llamada a vivir el DERECHO (la JUSTICIA), la COMPASIÓN, la SINCERIDAD y la INTERIORIDAD.

 

Señor, quiero cambiar mi vida.

Quiero fuerza interior para cambiar el mundo.

Ayúdame, Señor, a buscar mi rostro,

a descubrirme por dentro con sinceridad,

a aceptarme como en realidad soy.

Ayúdame a aguantar mis miedos, mis inseguridades,

a superar mis fracasos y salir de mis desilusiones.

Ayúdame a valorar mis capacidades y mis valores,

a tener fe en la fuerza que has puesto en mi corazón.

Ayúdame a saber comenzar cada día,

apoyado en Ti y en mis hermanos.

 

A pesar de mi debilidad y mis contradicciones,

quiero empeñarme, comprometerme en el mundo de los que sufren;

dejar de decir sólo palabras y mojarme en hechos

Quiero vivir en mi carne el dolor de las personas rotas;

sobrevivir con los que sobreviven apenas;

saber lo que es vivir con poco o con nada.

 

Aquí estoy, Señor Jesús, con las manos abiertas a la ayuda;

con el corazón cercano al que sufre;

queriendo ser no violento.

Aquí estoy, Señor, para aprender que sólo el amor cambia la vida;

para denunciar sin odios las injusticias;

para llevar esperanza a las personas pisoteadas.

 

Señor Jesús, sé que tu vida se complicó demasiado,

por seguir este camino de verdad, compasión y justicia;

que te acorralaron y te condenaron;

que te clavaron en un madero como un maldito;

que te mataron para que las cosas siguiesen igual.

 

Pero yo sé que tú diste la vida con amor;

que tu vida, tu estilo de vida, no podía quedar en el sepulcro;

que tu Padre, Señor de la Historia, te levantó, te puso en pie.

Yo sé que resucitaste. Y contigo resucitó tu obra.

Lo sé. Y creo en ti, Señor Resucitado,

y, con tu ayuda, seguiré tus pasos. Amén.

 

4. Termino la oración

    Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.