REZAR CON EL EVANGELIO

Domingo de la 23ª semana del t.o. B

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Marcos 7, 31-37

 

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.

Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete» ).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.

El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.

Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:

 

Bueno sería que en este domingo nos pusiéramos el traje de otorrino y nos hiciésemos un chequeo de oído, o mejor aún, un chequeo de escucha. ¿Escuchas a tu familia, a tus amigos, a tus compañeros de estudio o trabajo? ¿y a los que no piensan como tú? ¿y a los que te piden ayuda? Pídele a Jesús que cure tu sordera, con fe.

 

Y ya que estás en faena ¿por qué no haces otro chequeo a tu oído interior? Dios habla, susurra, grita... a través de las personas, de los acontecimientos, de su Palabra, de tus sentimientos...

    "Gracias Señor por tu Palabra"

    "Perdona mi falta de escucha"

 

No te quites aún tu traje de otorrino. Hay mucha gente sorda por ahí. A algunos hay que descubrirles la sordera, a otros, hay que ayudarles a superarla. Es tan importante escuchar a las personas y a Dios. Es tan triste estar incomunicado. Dios pide tu colaboración. ¿Qué le dices?

 

Que los sordos dejen de hacerse los sordos,

que se limpien los oídos a fondo

y salgan a las plazas y caminos,

que se atrevan a oír lo que tienen que oír:

el grito y el llanto, la súplica y el silencio

de las personas que ya no aguantan su situación.

 

Que los mudos tomen la palabra

y hablen clara y libremente

en esta sociedad confusa y cerrada,

que se quiten miedos y mordazas

y se atrevan a pronunciar las palabras

que todos tienen derecho a oír:

las que nombran, se entienden y no engañan.

 

¡Danos oídos atentos y lenguas liberadas!

 

Que nadie deje de oír el clamor de los silenciados,

ni se quede sin palabra ante tantos enmudecidos.

Sed, para los que no oyen, tímpanos que se conmuevan;

palabras vivas para los que no hablan;

micrófonos y altavoces sin trabas ni filtros

para pronunciar la vida y susurrar la esperanza,

en todos los que caminan y buscan.

¡Que los sordos oigan y los mudos hablen!

 

Que se rompan las barreras

de la incomunicación humana

en personas, familias, pueblos y culturas.

Que todos tengamos voz cercana y clara

y seamos oyentes de la Palabra en las palabras.

Que construyamos redes firmes

para el diálogo, el encuentro y el crecimiento

en diversidad y tolerancia.

 

¡Danos oídos atentos y lenguas desatadas!

 

Que se nos destrabe la lengua

y salga de la boca la Palabra inspirada.

Que se nos abran los oídos para recibir,

la Palabra salvadora, ya pronunciada,

en lo más hondo de nuestras entrañas.

Que se haga el milagro en los sentidos

de nuestra condición humana

para recobrar la dignidad y la esperanza.

 

Para el grito y la plegaria,

para el canto y la alabanza,

para la música y el silencio,

para el monólogo y le diálogo,

para la brisa y el viento,

para escuchar y pronunciar tus palabras

aquí y ahora, en esta sociedad incomunicada,

Tú que haces oír a sordos y hablar a mudos...

 

¡Danos oídos atentos y lenguas desatadas!

 

Florentino Ulibarri

 

 

Hace oír a los sordos,

y hablar a los mudos.

Hace soñar a los escépticos

y aterrizar a los ingenuos.

Hace amar a los indiferentes

y resistir a los frágiles.

Hace ver a los ciegos

y caminar a los paralíticos.

Hace dudar a los intransigentes

y ayuda a encontrar a los que buscan.

Hace reír a los que lloran

y llorar a los que matan.

Hace vibrar a los fríos

y arriesgarse a los cobardes.

Hace estremecerse a los crueles

y pone un canto de esperanza en los corazones tristes.

Hace resucitar a los que mueren.

 

Y allá donde pone su mano,

deja una huella de vida.

 

José Mª Rodríguez Olaizola, sj

 

 

4. Termino la oración

   Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.