REZAR CON EL EVANGELIO

Miércoles de la 25ª semana del t.o.

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

Lucas 9, 1-6

 

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: "No llevéis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa".

Ellos de pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

 

Jesús nos llama, nos reúne, nos da poder y nos envía a proclamar la buena noticia del Reino de Dios y a curar a los enfermos.

¿Nos sentimos llamados, reunidos, fortalecidos, enviados?

 

La grandeza de Dios brilla en la pobreza de los enviados. No necesitamos muchas cosas: la mochila llena de fe y de confianza en quien nos envía, nos acompaña y nos espera al final del camino.

 

Señor, tú nos envías a proclamar el Reino de Dios,

a anunciar el amor que con el que Dios Padre nos abraza,

a mostrar la esperanza a quienes la han perdido,

a levantar la confianza de los que creen que ya no tienen arreglo.

 

Señor, nos envías, también, a curar y a echar demonios

Para vencer a los demonios de la injusticia, la violencia o la mentira,

no basta con palabras; no hay secretos ni formulas mágicas.

A los demonios sólo se les vence a base de amor, trabajo y entrega.

 

Señor, no quieres que lleve bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero;

lo más importante no son los medios que llevamos,

lo más importante es lo que somos, es nuestra experiencia,

la experiencia de sentirnos mirados, amados y salvados por ti.

 

Señor, la misión no es fácil, pero es apasionante.

Además, no nos dejas solos. Tú estás con nosotros, en nosotros.

Nos das poder y autoridad para hablar y actuar.

La luz de tu Espíritu nos guía y su fuerza nos acompaña.

 

4. Termino la oración

    Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.