REZAR CON EL EVANGELIO

Miércoles de la 26ª semana del t.o.

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Lucas 9, 57-62

 

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: Te seguiré a donde vayas. Jesús le respondió: Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

A otro le dijo: Sígueme.

El respondió: Déjame primero ir a enterrar a mi padre.

Le contestó: Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios.

Otro le dijo: Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.

Jesús le contestó: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

 

Ser cristiano no es solamente conocer a Jesús, rezar, cumplir ciertas obligaciones, hacer cosas por los demás... Ser cristiano es fundamentalmente seguir a Jesús, seguir a Jesús por el camino que él nos vaya marcando.

¿Cómo descubrir este camino? A través de la oración, de la reflexión, del acompañamiento espiritual...

¿Estas dispuesto a seguir a Jesús por la senda que te señale? ¿Qué medios pones y podrías poner para escuchar su voz? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Seguir a Jesús normalmente pasa por la pobreza, por la austeridad, Vivir en pobreza sólo es posible si confío en él, si tengo a Dios cómo el mejor tesoro.

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

No;

no he roto la última amarra.

No;

no he puesto las cartas boca arriba.

No;

no he vaciado de razones mi alforja.

No;

no me atrevo a salir con una sola prenda.

No;

no tengo todas mis acciones en tu banca.

No;

no he dado el paso que me libera.

No;

no soy digno, pero...

no renuncies a tu promesa.

¡Rompe mis argumentos

y dame la vuelta!

 

Florentino Ulibarri

 

Seguir a Jesús es lo más importante, lo más urgente, lo único necesario; más que enterrar a un muerto, o terminar una carrera universitaria, o conseguir un trabajo, o alcanzar cualquier objetivo.

El seguimiento es la brújula que orienta toda nuestra vida (familiar, social, comunitaria, religiosa)

¿Cómo lo vives? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

Maestro, te seguiré adonde vayas;

Maestro, dedicaré un tiempo cada día a estar contigo;

Maestro, me gustaría comprometerme con una buena causa;

Maestro, voy a compartir una parte de mi dinero;

Maestro, quiero seguir el camino que Tú me señalas:

Maestro, lo que más quiero en esta vida es ...

 

Pero, Señor,

déjame ir primero a enterrar a mi padre;

déjame terminar primero la carrera o la oposición;

déjame criar primero a mis hijos;

déjame pagar primero la hipoteca;

déjame que antes resuelva todas mis dudas;

déjame ....

 

Señor, Tú me llamas y yo pongo excusas;

y tú vuelves a decirme: "Tú, sígueme".

Acompáñame, Señor, en esta jornada,

para que sepa aprovechar cada momento,

para seguirte, escucharte y hablarte,

para comprometerme y compartir;

para disfrutar la vida y entregarla del todo. Amén.

Para estar contigo, me libero de la alforja (mis preocupaciones);
me quito las gafas (mis visiones);
olvido mi agenda (mis negocios);
guardo la pluma en el bolsillo (mis planes);
arrincono el reloj (mi horario);
me despojo de mi ropa (mis ambiciones);
me desprendo de mis joyas (mis vanidades);
renuncio a mi anillo (mis compromisos);
me quito los zapatos (mis ansias de huida);
dejo, también, mis llaves (mis seguridades);
para estar sólo contigo, el único verdadero Dios.

Y, después de estar contigo...
Tomo las llaves, para poder abrir tus puertas.
Me calzo los zapatos, para andar por tus caminos.
Me coloco el anillo, para comprometerme contigo.
Me adorno con las joyas, para asistir a tu fiesta.
Me visto con mi mejor ropa, para salir a tu amplio mundo.
Recupero mi reloj, para vivir al compás de tu tiempo.
Cojo mi pluma, para escribir tus pensamientos.
Recobro la agenda, para no olvidar tus citas conmigo, -mis citas contigo- a lo largo del día y del camino.
Me pongo las gafas, para poder ver el mundo a tu modo.
Y cargo con mi alforja, para llevar y sembrar tus promesas.

Florentino Ulibarri

 

 

4. Termino la oración

    Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.